Tiziano fue uno de los grandes hitos de la pintura del Renacimiento veneciano. Nació en Pieve di Cadore, Italia, hacia finales del siglo XV. Fue el gran protagonista de la Escuela Veneciana y sus obras iban desde temáticas religiosas, mitológicas, retratos y paisajes. Precisamente se le recuerda como uno de los pioneros en este último aspecto logrando gran calidad y brillantez.
Desde muy temprana edad demostró mucho talento llegando a entrar en el taller de Giovanni Bellini. En esta época estuvo muy relacionado con otro artista coetáneo, Giorgione, por lo que las obras de este período son difíciles de diferenciar. En 1510 la peste acaba con Giorgione.
Tiziano trabajó para personajes muy destacados de aquella época como Carlos V y Felipe II. Sus últimas obras y años los dedicó al retrato volviéndose muy perfeccionista dejando muchas obras inconclusas. Murió en Venecia por la peste negra en 1576.
Supuso una ruptura e innovación espectacular en el uso del color. Le otorga incluso más relevancia al color que al propio dibujo. Trabaja sin formas, solo con el color, con tonos suaves que le sitúan como antecesor de Rubens, Rembrandt e incluso Velázquez.
Analizamos una de sus obras mitológicas de gran calidad: Baco y Ariadna.
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Fuente: ARTEHISTORIA
Cuando hizo esta obra no era considerado todavía el mejor pintor veneciano pero andaba cerca de su mejor momento con algo más de 30 años. Fue un encargo de Alfonso de Este, duque de Ferrara.
El cuadro representa una escena en la isla de Naxos. Ariadna se despierta y descubre que su amante Teseo le ha abandonado. Teseo huye en un barco que aparece pequeñito al fondo. Es la representación del amor perdido. En ese instante aparece Baco, dios del vino y la inspiración, que ante la belleza y pureza de Ariadna queda anonadado y salta del carro que es empujado por guepardos. El paisaje al fondo y el color son dos maravillosas características de Tiziano que las lleva a cabo con gran maestría y que le distingue de los demás artistas. Ariadna viste una túnica color azul resaltada por una banda roja que se enrosca con su cuerpo. Ariadna gira levemente la cabeza para observar la llegada de Baco sin quitar la vista en la huida de Teseo.
Baco es representado en un lugar muy peculiar. Está en el aire, mientras salta de su carro. El viento hace ondear sus ropajes de rojo intenso. Por ultimo destacamos los seguidores del dios que ocupan más espacio que los protagonistas. Es un grupo de figuras que establecen una compasión cerrada en su círculo. Una de las figuras más cautivadoras es el niño sátiro, coronado con hojas y flores de jazmín, mientras que marcha alegremente acompañado por su perro negro y arrastrando la cabeza de un becerro. Dentro del cuadro es la única figura que se relaciona con nosotros a través de su mirada directa. La bacante con la falda azul y túnica rosa levanta un címbalo, en una pose que balancea su pandereta. Nos fijamos en la figura más potente de este grupo, un individuo hercúleo, barbado, de piel tostada de color bronce, entrelazado por serpientes, a las que parece que está a punto de vencer. Iconográficamente tendemos a interpretarlo como el Laoconte pero no podemos decir que todos los hombres con serpientes son Laoconte. Cerca de él hay un sátiro que tiene un buey a su mano derecha. Su cabeza está coronada con hojas de parra. Agarra con su mano derecha un palo con hojas de parra pintadas al detalle y con tonos verdes muy característicos. En la distancia se ve a un Silenio ebrio, coronado de hojas de parra también, evitando la caída al suelo con la ayuda de otro personaje de mayor edad. Al borde se ve otra figura masculina que intenta llevar un barril de vino.
Como curiosidad, en la parte superior izquierda vemos que las estrellas forman una diadema que posteriormente Baco regalará a Ariadna.
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